Una sabia opinión sobre Abya Yala, mestizaje y apropiacionismo

Hace casi dos meses publiqué en esta web un texto que me enviaba mi amiga Maria Basura sobre un incidente que sufrieron con gente de Berlín durante una performance. Ayer llegaron unos comentarios a esa publicación que creo que son lo suficientemente valiosos como para ponerlos de relevancia con un nuevo post. Gracias Federico Gaitán por tu contribución a este tema.

Como afrochichimeca confirmo que los europeos siempre se andan con su superioridad moral, incluso en los espacios supestamente libertarios. Recuerdo una vez en un espacio anarquista de “Monterrey” un chavo que venía de vivir en un okupa de italia nos hablaba sobre como su espacio sí era verdaderamente okupado, no como en el que estábamos, donde se paga renta.

Sin embargo, como afrochichimeca también me parece obvio que los criollitos de acá siempre se quieren pasar de listos tratando de hacerse pasar como nativos. No sé cómo sea en otros paises del cono sur, pero en México es más que obvio y en verdad yo sí les habría abucheado y llamado criollitos fascistas, embaucadores, (aunque no les habría cortado el sonido ni detenido).

Los criollitos de América o de Abya Yala tienen mucho que aprender de autocrítica. No sé si de los europeos, pero ya basta. Aquí en México nos educan a base de golpes de pecho, que nuestra raza esto y lo otro. Todo parece culpa de los indios y los africanos. Esa exaltación del mestizaje siempre se me figuró como una posición moderada como para taparle el ojo al tuerto, como diciendo está mal odiar a los españoles porque tú también eres uno en parte. “¿Sabías que el 99% de méxico es mestizo?” dice un artículo del periódico. Al siguiente mes sale otro artículo que dice “En realidad, los mestizos mexicanos son 70% españoles”. Y luego otro hablando de la tradición literaria de castilla y de que gracias al español conocemos a los griegos, las ciencias, el arte y la democracia. Y después sale Frida Kahlo, vestida “de india”, representando las raíces del México profundo, a Octavio Paz hablando de ser mexicano-criollo en el extranjero, a elena poniatowska representando a la juventud revolucionaria del 68. En fin, como no queriendo resulta que todos los representantes de nuestra identidad “mestiza” son criollitos, se creen criollitos, devienen criollitos, pero también representan, citando directamente de tu comentario, “aquellos que ya no pueden hablar”.

Extendiendo un poco el término nativo. Los criollos son tan nativos de Abya Yala como los gringos son nativos de Bia Dipe. No son el mismo mundo. Mejor dicho, son tanto el mismo mundo como este continente es el otro.

Estoy en contra del intento de sustitución de los criollos, de robarles la voz a “los que ya no pueden hablar”. No considero que en realidad hablen por ellos así como no considero que los europeos hablen por Anahuac, Bia Dipe o Abya Yala.

Sin embargo sí considero que tenemos un contexto en común en varios aspectos, más no en el de la raza. Como dices, los criollos de America son blancos de segunda, pero al menos son “algo” blancos. Para hacer un paralelo con otros lados del mundo, pienso en los asiáticos morenos y los asiáticos pálidos.

El feo que le hacen los europeos a los “blancos de segunda” es un problema de raza, pero no es el mismo problema que el que tendrían con alguien con piel oscura, bien oscura, como estoy acostumbrado a ver todos los días y nada tiene que ver con lo que haya aparecido o faltado en cualquier película de disney.

En cuanto al contexto colonial, ese sí lo compartimos blancos de segunda, negros, mulatos, indios y muchos extranjeros que quedan varados por una u otra razón en México y latinoamérica y no hayan la oportunidad o los medios de escaparse a un lugar donde al menos se disimule que existe algo llamado derechos humanos.

Crítica a la colonización: congruente
Crítica a la colonización desde la posición de “blanco de segunda”: hay problemas.

Putas mexicanas revolucionarias

Cuando llegué a este país hace tres años yo era muy imbécil en muchos sentidos (lo sigo siendo en muchos otros que no vienen al caso). Uno de ellos era que el hecho de saber que la prostitución es una profesión en muchos sentidos revolucionaria me andaba nublando la vista con la parte oscura de la profesión: la trata. Y pues cuando una llega a un lugar donde la gran mayoría de las mujeres que se dedican a esto son en realidad esclavas de los cárteles y las mafias y que no es que se dediquen sino que no les queda de otra, se le pasa de inmediato esta imbecilidad y abre mucho las orejas para escuchar y el corazón para comprender.

Por eso me dio mucho gusto, pero mucho mucho, la noticia de que una de las más importantes y poderosas revoluciones contra el gobierno, posteriores a “la REVOLUCIÓN”, fue iniciada y planeada por PUTAS. Y estas Señoras eran llamadas LAS HORIZONTALES DE GUERRERO. Las horizontales!!!! De inmediato sentí una conexión kármica y mística con ellas y su historia pues cuando intenté montar un tinglao de prostitución de mujeres para mujeres lo primero que me vino a la mente fue el nombre de MUJERES HORIZONTALES, pues es así como solemos coger en estas sociedades extrañas en las que todo lo rico (menos bailar) lo hacemos o tumbadxs o sentadxs. Sobre ese proyecto fallido de prostitución de mujeres para mujeres ya digo todo lo que tuve que decir en mi libro. El caso es que me encuentro con estas Horizontales de Guerrero y aquí les va su historia:

“La noche del 6 de marzo de 1922, las prostitutas del puerto de Veracruz popularmente conocidas como “las horizontales de Guerrero”, amenazaron con quemar en la vía pública las sillas, las camas y los colchones sobre los que trabajaban, en señal de protesta por las elevadísimas rentas que debían pagar a los propietarios de los patios de vecindad que les alquilaban las pocilgas donde vivían. Alarmada la policía corrió hasta la zona de fuego para impedir la quemazón”

“Pero volviendo a la problemática de las “horizontales de Guerrero” con sus caseros, éstas tras no recibir una respuesta satisfactoria a sus demandas de parte del alcalde y de los propietarios, el 6 de marzo de 1922 anunciaron públicamente su determinación de ponerse de huelga dejando de pagar las altas rentas hasta que éstas no fuesen disminuidas al equivalente del 20% sobre el valor catastral. Al tiempo que la meretriz María González envió al presidente de la República, Álvaro Obregón, un telegrama para enterarlo de la explotación de la que eran víctimas. Según ella, la respuesta del presidente fue: “que ya las autoridades dictaron órdenes para la aprehensión de esos individuos que viven explotándolas”.

“La noticia de esos acontecimientos corrió como reguero de pólvora y pronto miles se sumaron al boicot del pago de alquileres. Trabajadores que habitaban en patios de vecindad con San Salvador, La Isabelita en la calle Guerrero, La Veguita en la calle Progreso (…) se unieron a la lucha. A finales de mayo de 1922, treinta mil inquilinos de más de 100 patios de vecindad no pagaban renta”

“Días después de declararse en huelga, el domingo 12 de mayo por la noche se efectuó la primera gran manifestación del movimiento inquilinario que abrió con un concurridísimo mitin en el que Herón Proal, líder del sindicato, pronunció un discurso desde uno de los balcones del Hotel Diligencias acompañado de Porfirio Sosa y de la oradora comunista Juana Ruiz. Después, la multitud portando banderas rojas avanzó lanzando consignas y arengas como “Estoy en huelga y no pago renta” y así recorrió varias calles de la ciudad”.

“Casi al final, llegaron a la zona de tolerancia en la calle Guerrero. Las meretrices se aglomeraron en torno de los manifestantes y comenzó Proal un discurso en el que se dirigió exclusivamente a ellas, llamándolas “verdaderas heroínas” al reconocerles ser las primeras en decretar la huelga e iniciar el movimiento. Así lo reprodujo el periódico: “Ustedes, merecen un voto de confianza del comité de huelga y de todos los habitantes de Veracruz, porque fueron las primeras en decretar la huelga que hoy ha tomado proporciones gigantescas. Ustedes en realidad verdaderas heroínas, por haber puesto la primera piedra de este edificio gigantesco que hemos ahora levantado. Son las iniciadoras y por lo tanto merecen un estrechísimo abrazo de confraternidad. El sindicado rojo de inquilinos les abre sus brazos y les llama con todo cariño SUS QUERIDAS HERMANAS”.

“El reportero que relató este hecho destacó que “la palabra hermanas causó risa ante el auditorio, por lo que Proal les reprendió “Sí señores, y no se rían, estas pobres y despreciadas mujeres, no solamente son nuestras compañeras, sino que también son nuestras hermanas porque analizando las cosas, resulta que ellas son de carne y hueso como nosotros, y no hay motivo de excluirlas de la hermandad, tanto más, que son carne de explotación de los burgueses”.

Y pues si quieren saber más sobre cómo estaba el pedo con las mujeres en general en Veracruz en los años 20-30-40 les recomiendo mucho la lectura del libro Mujeres en la Historia de la ciudad de Veracruz – Primera mitad del siglo XX  de Adriana Gil Maroño y Mª Luisa González Maroño.

Yo hacía mucho que no me encontraba una joya semejante.

 

24 de abril: #VivasNosQueremos

Estoy prendida con la marcha del domingo. Normalmente no voy a marchas, ya tuve suficiente con las del 4F y demás en Barcelona, creo que me empaché. Siempre me siento incómoda porque me engento rápido, tengo una especie de gentefobia, de aglomerafobia, no sé…

Pero a esta sí voy a ir. ACÁ pueden encontrar información de dónde será en sus diferentes ciudades.

Dejo un texto de Ana Francis Mor que leí el otro día en el baño mientras cagaba y que por idiota que parezca es una de las cosas que me ha animado a ir a la marcha. Yo no creo en la “equidad”, me parece un absurdo, y tampoco en la justicia (y menos aún en la institucional) pero el texto me gusta.

¿hasta cuándo le haya?

Yo conté diecisiete.

Diecisiete veces en las que mi padre golpeó a mi madre o a alguna de nosotras. Por razones distintas. Porque no había mantequilla, porque Consuelo llegó tarde, porque Mónica le rompió una muñeca a Esther, porque se fueron de fiesta sin permiso, porque los pañuelos no estaban bien planchados, porque recogimos un gatito nuevo, porque había que pagarle a la ortodoncista… En fin. Y en cada una de esas veces, desde que tengo memoria, yo pregunté, reclamé, grité, pataleé, me escondí, volví a gritar, volví a reclamar. La penúltima vez saqué un cuchillo y detrás de mí, cada quién sacó un sartén, un cinturón ochentero gordo, un bat… Y ya. Santo remedio. Ni siquiera hubo que usarlos. Se acabaron las golpizas y empezamos a mirarnos frente a frente.

Hubo una última vez en la que mi padre sacó una pistola. El grado máximo de violencia cuando la fuerza física ya no era suficiente. En ese momento me di cuenta de que para detener la espiral de violencia había que tener conciencia y dignidad y eso no iba a estar en el lado de mi padre, así que simple y llanamente me fui. Ya no había nada que hacer. El tirano se ganó el triunfo y el desprestigio. Pagó el precio de perder a cinco hijas que no van a ir ni a su velorio, pero ganó a los golpes. Ganó porque se quedó sin contrincantes. Simple y llanamente dejamos de jugar el juego de la violencia. Podría ponerme más melodramática y decir que su apuesta por la impunidad no le rindió frutos, pero la neta es que no lo sé. Más allá de la culpa -en la que no creo- no ha habido ningún movimiento sabio del destino que me haga creer que la vida tiene sus propios contrapesos y misteriosas maneras de hacer justicia. Nel, mi padre morirá impune y sus delitos (porque ahora sé que esos son delitos) pasarán por la libre sin castigo.

Quisiera haber tenido en ese tiempo las herramientas para hacer justicia. Quisiera haber sabido que se podía denunciar, quisiera haber tenido apoyo del gobierno, de otras personas. Sabía que eso no estaba bien, era evidente. Pero no supe cómo defenderme, cómo obtener justicia, así que no la obtuve. Mi madre menos, se murió antes de siquiera pensar que eso era injusto o que podía haber tenido otras opciones.

Pero las cosas se transforman, o por lo menos en nuestro caso la historia cambió. Sobra decir que entre mis hermanas y yo ya no hay historias de violencia con las parejas actuales. Cuando hubo indicios de haberla en alguna, procedimos con todas las de la ley, la solidaridad y la razón para detenerlas.

El punto es que nunca estuvo bien, pero nos tomó una generación darnos cuenta, tomar conciencia, tener las herramientas, accionar al respecto y obtener los resultados deseados: establecer relaciones de equidad, en las que una no tenga que ceder su poder.

(Ana Francis Mor en Manual de la buena lesbiana 2, pág. 110)