Domitila enculada (y nadie dice NADA)

Nuestro enemigo principal es el miedo,
y lo llevamos dentro
– Domitila Barrios de Chungara –

Llevaba mucho tiempo queriendo decir esto pero no lo he hecho porque se trata de uno de esos pensamientos que merece la pena ser incubado un poco. Aún ni siquiera sé muy bien cómo lo voy a decir sin cagarme en la cara de muchas personas amadas y apreciadas. Lo hago con la esperanza de que quienes verdaderamente me importan sabrán entender la crítica y se tomarán esto como un gesto de amor, aunque sea amor escatológico.

Hace unos meses regresé a Barcelona, en marzo. De lleno me encontré con una polémica que todo el mundo traía en la boca: el MACBA había cancelado una expo porque los curadores (Preciado y Valentín Roma entre otros) se negaron a retirar una obra y habían despedido a Paul B. Preciado y Valentín de sus puestos de trabajo (trabajaban entre otras cosas en el PEI, programa de estudios independientes). En la pieza básicamente se ve al rey de España siendo enculado por Domitila Barrios y ésta a su vez siendo enculada por un perro, más concretamente por lo que parece un pastor alemán. Toda la escenita sucediendo sobre una pila de cascos de las SS y cartones. Se llama Haute Couture 4. Transport, es decir Alta Costura 4. Transporte. Un nombre de mierda para una obra de mierda, muy típico de artistas blancas, occidentales, clase media como lo es la autora, Inés Doujak (Austria).

Para entender la raíz de mi conflicto es necesario saber que lo que más me molesta de la cuestión completa es la ineptitud de las personas que han abierto la boca para protestar por esto para darse cuenta de que la obra es, en realidad, profundamente ofensiva. En papel maché, en el marco de una expo titulada “La bestia y el soberano” (providencial esto) se representa a una señora luchadora, LUCHADORA con mayúsculas, mientras se la coge un pastor alemán. Me importa una mierda que ella se esté cogiendo al rey de España, lo que yo veo ahí es que a ella se la representa desnuda y siendo enculada por un perro europeo símbolo de poder nazi, usado como guardián de los campos de concentración. Lo que veo es que deliberadamente esa escultura tiene el poder de ofender a un número de personas mucho mayor por lo de Domitila que por lo del rey, que muchas más personas se sentirían mal por ver a su líder obrera indígena en esa tesitura que las que lo hacen por ver a Preciado y Valentín despedidos. Veo que esa obra daña la imagen de Domitila sin ningún tipo de conciencia o de respeto por estas personas que a miles de kilómetros geográficos y de años luz empíricos, le hacen una verdadera guerra al capitalismo y al machismo. Que lo más terrible de todo el asunto para la gran mayoría de la gente que conozco sea la censura y los despidos me parece una más de las múltiples pendejadas derivadas de vivir con la mirada fija en el propio ombligo.

Durante un tiempo esperé a que alguien publicara algo que no invisibilizara la ofensa a Domitila o que directamente no omitiera su nombre en la ecuación. Eso no sucedió.

Esos días también andaba por ahí la Pocha Nostra, imaginé entonces que alguien, dada la ocasión, aprovecharía para bajar a la bola de europeitxs güeritxs queer/postporn/académicxs de su indignación antimonárquica, democrática, anticensura, esto-es-una-violación-de-mis-derechos. En lugar de eso, personas que traen encima una increíble trayectoria en la crítica decolonial se posicionaron a defender a Preciado y compañía del grandísimo agravio que habían sufrido por parte de la institución. Yo ahí pensé que quizás era yo en modo conspiranoico yendo demasiado lejos con mis pensamientos. Entonces hablé la cuestión con amistades sudakas y mexicanas, así es como me saqué la mierda conspiranoica que traía en mente al ver que nadie pensaba decir nada, ni siquiera personas que sé que tienen visiones bien claras de lo que es el colonialismo ideológico a través del arte y la cultura. Un artículo en Píkara escrito por un compa argentinx en defensa de Preciado y la pieza dice mucho: “Domitila se monta al que parece ser el Rey Juan Carlos I (…) Sobre cartones y cascos de mineros y un animal casi sonriente practican todos una especie de coreografía poscolonial zoofílica”.

Al cabo de los días me llegó al correo una recogida de firmas para denunciar la censura y los despidos del MACBA elaborada por lxs alumnxs del PEI. Me pensé durante un par de días mi adhesión. Ante el mutismo generalizado en torno a mi postura decidí que no me interesaba adherirme a ninguna convocatoria anticensura si ésta no contemplaba el hecho de que la pieza censurada era un cagarro ideológico de calibre máximo. También me hizo deslindarme la peligrosa ingeniudad de quienes hacían el llamado: parecía que nadie ahí estaba al tanto de que la censura en las instituciones artísticas sucede a cada rato y no se montan campañas para denunciarlo. Ahí me acuerdo de que a pocos metros del MACBA, en el CCCB, el evento que organicé con la boda ecosexual de Annie Sprinkle y Beth Stephens unos años atrás también fue censurado (impidiéndonos actos sexuales explícitos durante la ceremonia e impidiendo la visión de lo que sucedía desde fuera del recinto) y nadie hizo nada.

Para colmo toda esta movida sucede en el tercer aniversario de la muerte de Domitila, la jodienda… Lo sé porque reconozco no haber tenido ni puta idea de quién era Domitila antes de esto y pues lo primero que hice cuando me asaltó esa incomodidad con la ausencia de crítica hacia algo que yo veía claro como el agua, fue poner su nombre en google y leer. De esa me enteré que mientras en el MACBA de Barcelona su nombre resonaba sólo de refilón en los artículos, en Bolivia se la conmemoraba en el aniversario de su muerte.

Entérense, esta era Domitila

 

A mí, obviamente y con mi trayectoria de lucha por el “derecho a ver” y en contra de la censura, la obra en sí me la suda, por mí como si fuera un chihuahua cogiéndose al mismísimo Preciado. Pero me jode profundamente, y por eso esta necesidad de escribir, que gente a la que aprecio tenga tantas legañas ideológicas en los ojos, tenga tanto miedo a hablar faltando a las vacas sagradas y tan poca propensión a posicionarse de forma crítica cuando las personas a las que admiran se comportan como auténticxs pendejxs ególatras, desubicados, más preocupadxs de sumar escándalos al currículo que a generar una verdadera distensión o ruptura con las instituciones del arte.

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