veintiseisdeabril

INTRODUCCIÓN: Este texto irá construyéndose y completándose (aunque no es posible que se complete totalmente nunca) a lo largo de los siguientes días con vídeos, fotografías y algunos audios. Es un texto personal y un ejercicio terapéutico de restauración de mi memoria, que quedó seriamente dañada tras los acontecimientos que tuvieron lugar hace un año cuando mi hermana y amiga Patricia decidió saltar por mi ventana y dejarnos para siempre. Bienvenidxs a mis recuerdos…

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ADVERTENCIA:
Lo que traigo a estas letras son mutilaciones.
Antes fueron heridas que sangraban y latían,
nervio abierto y músculo ciego;
((sentí vergüenza y asco mucho tiempo))
ahora se cerraron y duelen más todavía,
porque dejan ver la pérdida con aguda claridad.

Mutilaciones que traigo:
un muñón con boca y dientes que
a veces me habla para decirme “te falto”.

Aprender a vivir sin medio cuerpo.

Sólo ahora en el espejo vuelvo a ver belleza.
Aunque no es la mía.
Es otra la que mira desde el azogue.
Desde ese lugar donde se clava una mirada irreconocible,
como un país nuevo,
como la pesadilla de otra.

Aprender a querer a quien ahora me habita,
a habitar un cuerpo ajeno.
Desde la exhibición obscena de mi derrota
mejor que desde las cobardes corazas.

Aún no sé si me gusta en lo que me he convertido.
Igualmente siempre fui muy monstruosa.
Tardé 20 años en acomodarme;
ahora empiezo desde cero, con la cruz de la memoria.

((siento el orgullo de los héroes que tornan,
mutilados, de una batalla perdida,
sabiendo que la guerra continua y que se lucha
hasta perderlo o ganarlo todo))

////// PAUSA. MEMORIA. ENCUENTRO //////

Febrero de 1998. Madrid.

Me voy de casa a ratos largos. La vida con mi padre es insostenible. Con mi madre también se hace duro porque sé que ella no podría abandonarlo. Siento que sus problemas personales son un lastre y que me conocen lo suficiente como para saber que puedo apañármelas muy bien sola. Salgo corriendo antes de que mi amor por ellos se vea irreversiblemente dañado.
Empiezo a vivir más con mi chico, Pondo, que en mi casa. Él trabaja en la noche bailando, es un excelente transmisor de emociones a través del movimiento y así, con su cuerpo prodigioso, llena la nevera y nos paga los vicios. Salimos juntos de cacería, por las noches, como vampiros: yo me ligo chicos que llevo a casa, los ato a la cama para que él los devore. Él hace lo mismo con algunas mujeres lo suficientemente cobardes para admitir que quieren mi coño. Son meses dulces y salvajes, perfectos como la maquinaria de una buena montaña rusa. Como no me interesa que la cuestión económica enturbie nuestra alianza me pongo a trabajar de camarera en la disco donde él baila. Descubro que me encanta servir copas y estar detrás de la barra, que las horas pasan sin darme cuenta alcoholizando a la gente y a mí misma, en menor medida.

Hace más de un año que no voy a clase, tengo la impresión de estar aprendiendo mucho más a través del placer, del cuerpo, del sexo y las drogas que yendo a hacer el paripé a esa mierda de instituto lleno de gente hueca que se deja domesticar (memorizando la segunda declinación del latín y las obras de Caravaggio) por imbéciles igualmente huecos que creen que hacen algo útil por quienes serán el hipotético futuro. Luego comprobé que, efectivamente, follar me salvó la vida y que el sistema educativo es capaz de matar a cualquiera con un mínimo de imaginación y curiosidad.

Una tarde mi compañero me avisó de que iban a venir un par de bolleras a la disco esa noche. Una de ellas era amiga de su profesor de aerobic. Lo hizo evidentemente para tenerme caliente y excitada con la idea, y a su vez, el profe de aerobic, había tentado a las señoritas con la idea de una nenita de 17 años, rapada y muy zorra, sirviéndoles las copas. Así que me puse un camisón de leopardo de mi madre, medio transparente, sólo eso. El nene yo yo estábamos ya un poco hartos de la disco, donde todas nuestras víctimas eran heteros y heteras que en un momento de guardia baja caían en nuestra tela de araña. La idea de otro par de desviadas pululando por allí me mojaba las bragas que olvidé ponerme esa noche.

Aparecieron tarde, cuando yo ya estaba algo borracha. Llevaba en la barra desde las 7 y en algún momento hasta pensé que el del aerobic nos había gastado una broma de marica mala. Entonces aparecieron por la puerta dos figuritas oscuras y flacas; con un melenón rizado una, con un moño y unas trenzas de colores tapándole la cara la otra. Directas a la barra donde mi ansiedad ya les estaba poniendo los hielos en los vasos. Me resultaron tan sumamente tímidas las dos que hasta me sentí en la obligación de no ser tan descarada. Bebieron un whisky-cola tras otro, no hablamos prácticamente nada con palabras, pero pude sentir su mirada apalancada en mi culo, mientras yo iba de un lado al otro de la barra. Eso me puso muy cachonda.
No recuerdo bien cómo pero acabé insinuando que encantada me las follaría a las dos esa misma noche. Una de ellas, Patricia, no me miraba a los ojos cuando le hablaba. Bueno, quizás sí lo hacía, desde detrás de esas cortinas que llevaba colgando. La otra, Rosa, me sonreía todo el rato, supongo que porque les estaba cargando las copas con mucha generosidad y porque Rosa era de carácter simpático.

Ese primer encuentro terminó con ellas marchándose haciendo eses del lugar, sonrientes y abrazadas, apenas media hora antes de cerrar; con mi cuerpo tendido en nuestra cama y el nene comiéndome el coño como si me estuviera pidiendo perdón por no haber satisfecho las expectativas que había generado, es decir, comiéndolo muy muy bien.
Mis pajas del siguiente mes (y por aquel entonces, aunque follaba mucho y bien, me pajeaba bastante), se nutrieron de ese encuentro y las imágenes que de ellas dos retuve: las manos grandes y bellas de la nena de las trenzas, los labios y la sonrisa de la de la melena de leona, y la fantasía de imaginarlas follando a ellas, calmadamente. La camionera que me trajo a la cama mi chico entre semana (una zorra enorme que era ni más ni menos que escolta de Aznar) para saciar mi hambre me tuvo distraída hasta el siguiente encuentro con la siniestra parejita.

A principios de junio dejamos de trabajar en la disco y tuvimos unas semanas de extrema drogadicción y mucha fiesta. Una noche estábamos colocados de éxtasis, en La Riviera, que es una de las salas de fiesta más patéticas de Madrid y a la que íbamos a veces porque él era amigo del dueño y había bebercio gratis. Recuerdo que aparecieron Rosa y Patri. Aquí mi memoria tiene un serio agujero por el que por suerte no se perdió el teléfono que Patricia me deslizó en la mano antes de marcharse. En una de las veces que fui al baño a vomitar del colocón, mientras trataba de serenarme sentada en la taza del wc, memoricé esas cifras, confiando más en mi cerebro crecido que en aquel garabato numérico: 616 06 65 14. Quedó ahí para siempre. Como el beso que me pegó en los labios, apartándose las trenzas para un lado con mucho arte, tambaleándose, etílica, bella como no había visto nunca antes nada.

ADVERTENCIA:
He acumulado mucho vómito,
lo fui circulando desde el esófago a la boca,
del paladar de vuelta adentro:
atrapado entre la pena, el desconcierto y
un extraño instinto de supervivencia.
Ahora brota de mí como acné, alergia, sinapsis.
Me purgo en cada lágrima, en cada grito.
No me importa corroer todo lo que tocan mis manos nuevas,
mis manos de ácido, de cal viva, de aspirina efervescente.
Mejor raspar hasta el núcleo que ocultar la mierda bajo la alfombra de la piel.

////// BEBE. MEMORIA. AGUA CLARA //////

Junio de 1998. Madrid.

Llevo un mes follándomela como un animal y aún no le he visto los pies. Esto me preocupa mucho, más que el hecho de que apenas hable. Empiezo a imaginar que no se quita los calcetines porque tiene alguna cosa terrible y contagiosa que ocultar, hongos mortales o algo así, y que no quiere pegármelos. Y esta paranoia extraña puede crecer mucho cuando esa persona, además, exhibe una oscuridad indescifrable en cada gesto y en cada acto.
Así que ideo una estrategia infalible para resolver el misterio: llevarla a mi bosque, de acampada, una semana. Buytrago de Lozoya, en la sierra madrileña, a una hora y algo de bus y unas cuantas más caminando por el monte. Se llega a un río chico de agüitas cristalinas y a un pequeño claro donde sólo se escucha el sonido de algún pájaro, el mugir de alguna vaca despistada y el crujir de los árboles. La llevo a mi “lugar-de-poder”. Ella aparece en la parada del bus con una mochila pequeñísima en la que sólo lleva un radio-casette a pilas, un montón de cintas (descubrí ahí del tirón a Siouxsie, The Cure y Olé Olé), algunas latas de ravioli con tomate, un cepillo de dientes, un trozo descomunal de hachís y… un montón de calcetines. Yo voy cargada como una mula: la tienda, las mantas, el cazo, mis cuchillos y anzuelos, la cámara de fotos, un abrelatas/abrebotellas y vino tinto, mucho vino tinto.

Llegamos al lugar y monto todo el tinglado, mientras ella pone música que me hace volar, música alucinante que nunca antes había escuchado. Y baila. Es la primera vez que la veo bailando desde unos ojos sobrios y pienso que es la cosa más sexy del mundo. Me la llevo a enseñarle el río y el lugar donde es seguro bañarse. Me desnudo rápido y me lanzo al agua, está helada. La espero flotando mientras se quita la ropa despacio, doblándola con cuidado. Se lo quita todo menos una parte de abajo de bikini verde y los calcetines. La hija de puta se mete al agua con calcetines, ahí ya terminé de convencerme de que algo realmente raro le pasaba en los pies, por no pensar que lo que raro estaba en su cabeza.
No obstante el otro misterio quedó resuelto rápidamente: su escasez de palabras de los primeros días era producto de una timidez extrema; luego ahí, en la intimidad del bosque, solas en kilómetros a la redonda, y tras unos cuantos porros y algo de vino empezó a hablar y a hablar y a hablar y sólo podía callarla con mi lengua dentro de su boca.

Pasaron un par de días hasta que no pude más. Le dije “quítate los calcetines”. Estábamos en una roca lisa al lado del río, despanzurradas al sol, piel con piel; el bikini verde horrible ya había desaparecido y sólo aquel espanto blanco en sus pies (eran de esos calcetines gruesos y baratos con raquetas de colores) estropeaba un cuadro perfecto. Se los quitó sin más, para dejarme ver unos pies hermosos, cuidados y pálidos como si jamás los hubiera rozado el sol. Me puso tan caliente ver su cuerpo completamente desnudo que comenzamos a follar, bajo un mediodía deslumbrante, durante horas. Cuando paramos sus pies estaban completamente quemados, no pudo caminar sin dolor en días. Yo sólo podía reírme de lo graciosa que era. También se achicharró la espalda y las tetas y pasó el resto de nuestra acampada con una camiseta de Spiderman que mojábamos a cada rato porque tenía la piel en llamas. No me sentí mal por no poderle tocar las tetas, la imagen de esa camiseta blanca y vieja, mojada, pegada a su piel, alimentaba más que cualquier tacto.

Por las noches me contó muchas cosas, yo escuchaba atenta sin decir casi nada, supongo que porque me sacaba 7 años y porque su voz grave y profunda me tenía seducida. Me habló de sus extraños fetiches (mezclar Spiderman, un héroe que salva vidas, y los cementerios, un lugar de culto a la muerte, en un mismo saco me pareció una tremenda bizarrada), de sus pasiones literarias, de sus poemas, su música, y la inmensa cantidad de fiestas que llevaba ya bailadas. Me habló y me habló. Y comimos raviolli y follamos mucho esas noches.

De los días, durante los que por supuesto caí profundamente enamorada de Patri (estrenando así con ella mi corazón y mi entraña) tengo sólo tres recuerdos nítidos y precisos, porque el resto me los nublaron los porros y el desborde hormonal:

1) Sale del agua, me tira un beso y me sonríe, todo ello mirándome a los ojos, directa y sin miedo, atravesándome; es la primera vez que alguien me mira así y yo me quedo toda la tarde pensando que qué coño habrá querido decirme con ese incendio. Muchos años más tarde descubrí que esa era la única forma que tenía de decir “te amo” desde su discapacidad para verbalizar las emociones, más allá de las palabras, a las que las personas “sanas” estamos tan jodidamente apegadas.

2) Amanece y abro la cremallera de la tienda. Lo primero que veo es una lengua gigantesca que se me pega a la cara cuando aún ni siquiera he abierto el ojo, y cuando lo abro, una cabeza de vaca, con unos cuernos inmensos, me mira con esos ojos opacos desde el exterior. Grito de pánico. Patri se levanta rápida, abre la tienda por completo, sale con una sonrisa y achuchando a la vaca, dándole besos y diciendo “qué bonitaaaa” se la lleva lejos de mí. Yo salgo. Estoy petrificada viendo cómo esa flaca que la noche anterior casi se muere porque nos sentamos sobre un nido de arañas tres segundos, abraza a un bicho que pesa media tonelada y podría matarnos en un instante, como si fuera un peluche o un juguete. La vaca saca la lengua y muge de placer mientras la Patri le rasca esa cabeza que parece un ariete. Luego la aleja más aún y la deja seguir su camino. Viene a abrazarme a mí y me dice “cómo te puede dar miedo un bicho con esa mirada?”.

3) Patri recibe una llamada al móvil después de un par de días sin contacto con el mundo urbano. Es su madre. Le cuenta que ha leído en el periódico que hay una plaga de garrapatas en la sierra de Madrid. La nena disimula muy bien su pánico pero por la noche tiene una pesadilla en la que las garrapatas se comen a su vaca. A la mañana le estoy comiendo el coño para despertarla bien, en mitad de la cuestión se queda tiesa, me para y me dice que le mire detrás de las orejas. Al hacerlo encuentro una garrapata de tamaño considerable adherida a su cabeza. He sacado ya muchísimas garrapatas en mi vida, a los perros de mi abuelo, cada verano, como entretenimiento. Le explico que sé cómo hacerlo, que hay que tener cuidado de que el rezno no quede dentro y eso es todo. Se la saco y la quemamos con un mechero para que se quede tranquila. Llegamos al acuerdo de que ella me salvaría de la vaca (que después vino todas las demás mañanas a por su ración de mimos) y yo de las garrapatas (que no volvieron nunca más).
Estos tres recuerdos, que sabiamente seleccioné como por instinto, son lo primero que supe de ella pero lo básico para poder decir “la conozco bien”: me acababa de unir de por vida a una poeta muda, a una discapacitada emocional, a una zorra lujuriosa capaz de seducir con un guiño, a una folladora incansable e intuitiva, con pánico a las cosas pequeñitas que no se ven pero hieren y ningún miedo a las bestias grandes y negras de la humanidad.

////// RESPIRA. MEMORIA. MISIÓN //////

Enero de 1999. Madrid.

Tu madre te dice que ya no eres su hija. Le has contado que esa amiga “rarita” con el coco pelado y pinta de menor es tu novia. No puede soportar la idea de que aquella persona a la que no se molestó en amar pueda encontrar en otra mujer todo lo que ella no supo darte. Con un hombre hubiera sido diferente porque el sentimiento de responsabilidad hubiese sido cómodamente derivado en una “autoridad” superior. Lo que tu madre no sabía es que yo estaba más cuerda que todos tus ex-novios, esos hermosos engendros a los que te arrimaste para mostrarles sin piedad tu propia monstruosidad, tu ojo vago.
En dos semanas pusiste todo lo que consideraste imprescindible en dos maletas. Tus vestidos de princesa de las tinieblas, tus DR.Martins, tus camisetas, algunos libros, dos pelis y los apuntes de esa carrera que tratabas cuál heroína de compaginar con el destierro. Tus anillos, tus collares, tus discos, tu laca y una libreta con teléfonos, poemas y algunos dibujos extravagantes.
En la casa te dejaste tus diarios teenager, el organillo de los chotis que te regaló la abuela, algunas fotos, algunos muñecos… Les dejaste también, como sutil venganza, ahora lo sé, una culpa mastodóntica y el maravilloso sentimiento de fracaso que algunas personas sienten cuando su hija, la que pensaban que era tímida y sumisa, les dice que es LESBIANA.

Esa fue una de las mejores decisiones que tomaste en la vida. No la de irte, porque eso te lo impusieron, sino aceptarlo con honestidad y ser consecuente con ello. Quizás tu madre pensó que así podría “corregirte”. Pero se equivocó al pensar que tenías algo que perder marchándote. Fue la excusa perfecta para abandonar esas paredes entre las que tu hermano sádico te pegaba al volver borracho y entre las que tu madre nunca te dijo “te quiero”.

Te acompañé en ese tránsito como mejor supe hacerlo: siendo discreta con mi amor y concreta con mis actos. Te hice chuletas para todos los exámenes que no pudiste estudiar mientras te buscabas una guarida. Suspendí algunos de los míos…
Y sentí por primera vez la necesidad de protegerte. No ya de tu madre (tu madre estuvo vencida desde el momento en que cerraste la puerta tras tu espalda), sino del mundo que te esperaba más allá de esas paredes, de tu barrio de La Conce, de tus microreinos imaginarios y tus fantasías del más allá. Quise, cuando vi que tu caída en el mundo era inevitable, que supieras que yo iba a estar ahí para cogerte, para serenarte, para lamerte las heridas.
Protegerte de ese encuentro con la terrible mandíbula mecánica con la que yo me tuve que enfrentar a edad muy temprana. Sabiendo que yo lo hice sola porque antes de ese momento me dieron mucho amor y buenas instrucciones, sabiendo que tú ibas con tu carne expuesta, con tu sangrante agujero.
Así que el 26 de ese mes de enero estrené la mayoría de edad asumiendo mi primera y más seria responsabilidad como adulta: cuidarte.

Claro que entonces no podía imaginar que ese oscuro pacto contigo, tú que pedías destrucción y protección al mismo tiempo de una forma tan descarada, se iba a convertir en algo tan difícil de cumplir. No sabía entonces tampoco que además de cuidarte como la gente que ama a otra gente suele cuidar, iba a tener que salvarte de ti misma. Y en ese cumpleaños en que dejaste de ser una “corruptora de menores” para pasar a ser mi primer amor, yo sellé el más peligroso trato de mi vida: salvarte de lo que no podías ser salvada.

Sólo más tarde supe que en realidad lo que estaba haciendo era retenerte, alargarte en el tiempo como quien estira una goma sabiendo que en algún momento ha de partir(se).

Sin saber tampoco que no se puede retener lo que no nos pertenece.

ADVERTENCIA:
Lo mismo que me tortura me salva.
Por eso resisto.

Una confianza idiota en la fertilidad de mi cadáver.

Abrir cajones donde a veces hay miel,
donde a veces hallo crueles trampas.

Hay mucha luz en algunos recuerdos,
eclipses deslumbrantes como joyas,
me acerco ahí para aliviar el frío de tu ausencia.
Otros, son laberintos de fango y,
me hundo hasta el cuello antes de poder decir:
socorro.

Como las mareas de un planeta con 100 lunas,
nunca sé cuando me ahogaré o me veré acunada,
cuando vendrá un naufragio o la isla dulce.

Aún así, en este caos asesino y seductor,
((ahora que ya perdí la vergüenza y la sombra))
te recuerdo para reencontrarme,
te invoco como un conjuro de polvo y ceniza,
finalmente,
esto todo lo que me dejaste.

////// SONRISA. MEMORIA. ANTÍDOTO //////

Primavera de 1999. Madrid.

Descubro que eres la persona más divertida que he conocido nunca. También la más hermética y misteriosa, como uno de esos dibujos de Escher que tanto nos maravillaban después de un buen porro.

Nuestra semana empieza el jueves por la tarde y termina el domingo al caer la noche. El resto de los días parecen no existir. Entramos en un devenir alcohólico por antros lúgubres bajo cuya luz te ves divina. Yo te acompaño, te observo bailar, beber, caer. Terminas de enamorarme con tu desarrollado arte para vomitar como una cerda sin dejar de estar sexy, vomitas en cualquier parte, abriendo la boca y dejándolo salir lanzado, no se te cae ni una lágrima, no se te corre el maquillaje, sigues sonriendo (y bebiendo). Algunos días te coges unas papas tan serias que te tengo que cargar al hombro de Chueca a Cibeles. Yo sufro, aunque me divierte, me divierte que seas tan buena para alimentar mi deseo de cuidarte, me haces sentir que tengo algo importante que hacer en esa vida de mierda y sin sentido que es la de todx adolescente o postadolescente, aunque sólo sea para evitar que otra persona se rompa la cabeza de borracha, o la violen o se termine ahogando en sus propios vómitos, mi vida tiene sentido a tu lado. También descubro que soy menos “sana” de lo que creía y empiezo a seguirte en tus borracheras, en tus drogadicciones. Aún te sigo en esto.

Buho. Te he cargado sobre el hombro durante más de seis cuadras. En un momento recuperas la conciencia para preguntarme “Quién eres?”, yo te respondo “unga, unga”. Ciertamente, a vista de lxs demás, debo parecer un troglodita llevándose una hembra a la cueva. Sonríes y vuelves a quedarte K.O. hasta llegar a mi casa, donde te despierto a duras penas porque no puedo, por mucha imaginación que le eche, cargarte a cuestas y buscar las llaves a la vez sin escalabrarte. Te tiendo en mi cama y te quito las botas, me desnudo y me tumbo a tu lado. Te coloco boca abajo para que no te me mueras si te da por vomitarte encima. A mitad del sueño te despiertas y me metes mano, me pegas un buen polvo y al correrme me da por llorar. Me dices que me quieres mucho, también llorando. Me siento insegura y te pregunto si me amas. Entras en pánico, te pones muy borde, no respondes nada, silencio y una mirada de odio feroz que siento que se clava en mi centro. Al día siguiente te lo vuelvo a preguntar por teléfono. Me respondes que no.

A finales de mayo hago las maletas y me voy a vivir a Benidorm. Te dejo con tu silencio, necesito ponerte en otro lugar más apacible y curarme esa primera herida que aún hoy, a veces, sangra un poquito.

ADVERTENCIA:
No sabías amar como aman los humanos.
Tu amor estratosférico sobrepasaba
la mala educación de cualquiera.

Orgullosa arrastrabas un monstruo, tu amor,
que dejaba siempre un reguerito de sangre y caca tras tus pasos.

Algunas nos asustamos tanto
que tuvimos que salir corriendo
o poner nuestro corazón a salvo.
Me consta que no lo logramos.

Otras persistieron más,
kamikazes entre tus brazos,
guerreras de la resistencia más virtuosa.
Me consta que la infección devoró una parte de ellas para siempre.

No sabías poner las cosas fáciles,
tampoco sé si hubieras querido.

Tu amor zombie, lobotomizado,
carente de piernas, sin cuerdas vocales…
verte amar fue siempre un grandísimo espectáculo.
La performance de un gigante rabioso
atrapado en una estrecha celda,
el drama de un cachorro que quiere cosas necesarias para seguir viviendo
y no sabe cómo pedirlas.

Así de frustrante,
así de hermoso a la vez.

////// AVANCE. MEMORIA. MÁQUINA //////

Mayo de 2001. Madrid.

Después de ir de una relación a otra, desesperadamente tratando de encontrar algo con lo que llenar el hueco que me dejaste, llego a Dafne. Mientras, en ese periplo, te has convertido en una amiga excelente en la que confío más que en nadie. Me doy cuenta de que nosotras en “modo-pareja” fue sólo un tránsito necesario para establecer una conexión que iría mucho más allá de ese formato. Y aunque siempre es triste contemplar las ruinas de un palacio que nunca llegó a construirse, me alegra comprobar que con esas piedras hemos hecho un fuerte, algo más sólido, más acorde con lo que podemos aprender la una de la otra, con lo que tenemos que ofrecernos.

Vino Dafne y el delirio de nuevo. Me olvidé de todo lo demás, quedé atrapada en la cola del escorpión. Vuelvo con otra al bosque que me empujó a amarte, para sacarte de mi lugar-de-poder, para cerrar definitivamente el círculo de nuestra incursión fallida, para abrir del todo un nuevo ciclo en el que serías más importante que cuando te mal-amaba. Observé que ella, Dafne, no temía a las arañas pero tenía el mismo miedo que tú a verbalizar, en su caso se notaba, porque verbalizaba cosas demasiado ostentosas. En algún momento pensé que os parecíais y sentí un vértigo atroz. No me equivocaba, aunque siempre fuiste mil veces más profunda y más lista que ella.

ADVERTENCIA:
Mi memoria está destartalada.
Una banda de policías ha entrado,
la ha registrado
y la ha desvalijado entera.

Esos son los mecanismos que “me protegen” de mí,
esos que ya no quiero,
que ya no necesito más,
a los que quiero dar de baja.

Un queso de Gruyere por el que me cuelo,
guiada por un olfato que parece haber sobrevivido
a todos mis excesos evasivos.

Tiro de hilos que te traigan a mí.
Como si el recuerdo fuera una neurona blindada
que dejó sus psedópodos como pistas,
como salvavidas,
mapas orgánicos del tesoro que es nuestra historia.

Te recupero poco a poco aunque buscar aquí sea
como meter las manos en una mata de ortigas
o en algo demasiado delicioso como para no quemar.

////// AVANCE. MEMORIA. PREMIO //////

Septiembre de 2002. Barcelona.

Te dejo en Madrid, a ti y a todo lo que algún día me importó. No es que hayas dejado de importarme, es sólo que por una vez, me preocupo más por mí que por ti. A pesar de saber a ciencia cierta que te quedas en una situación que no te conviene (te ha dado por enamorarte de Dafne, mi ex, y te has ido a vivir con ella), dejo de comportarme como esa madre fallida que nunca tuviste, y te dejo que tropieces por ti misma. Luego me he arrepentido tanto…

De Madrid eres, no obstante, de lo poco que echo de menos. En Barcelona tengo amor y cosas muy bellas me suceden. Djuna, Amie, la poesía que vuelve para quedarse, una casa llena de luz que será nuestra casa después, Yasmín…
Así que las veces que vuelvo a Madrid de visita siempre te veo. Me duele verte enganchada a la coca y desperdiciando tu vida con un trabajo de mierda, una playstation demasiado absorbente y una persona a tu lado que te da, como me dio a mí, emociones intensas e indescifrables que hieren como puñales y placen como bendiciones. Has dejado la carrera a medias cuando sólo te faltaban cuatro asignaturas, vaya caca.

Siempre que vuelvo a Barcelona tengo la sensación de haberte abandonado a tu suerte en un nido de escorpiones, me siento culpable aunque verte sonreír me alivia siempre un poco. Pienso mucho en ti pero apenas te lo digo.

No vienes nunca a verme. Te escribo una carta que nunca contestas.

ADVERTENCIA:

Huyo de las discriminaciones positivas.
Que estés muerta no quiere decir que no pueda ponerte a parir.
Esto es como lo de los negros que son idiotas
y parece que son menos idiotas porque son negros.
Nunca lo soporté, y tú no eres la excepción.

Odié tu idiotez cuando saltabas sin pudor
a esos abismos que ya sabías que podían matarte,
a esas mujeres que sencillamente no podían
darte lo que necesitabas.
Porque nadie podía darte algo así,
porque tus necesidades no fueron nunca de este mundo.

Odié tu temeridad y la impotencia que me provocaba.

Y te puse en un lugar lejos de mí,
para poder dejar de odiarte.

////// RETO. MEMORIA. OLIVOS //////

Julio y agosto de 2005. Madrid. Barcelona. Londres. Grecia.

Un día de junio o julio me llama Rosa por teléfono. Me dice que estás muy mal, que lo tuyo con Dafne se ha acabado de muy mala manera y que estás en su casa acogida, desde hace un mes, sin comer ni beber apenas, tirada en la cama, tratando de morirte. Ella, la pobre, ya no sabe qué hacer, está desesperada.

Voy disparada a Madrid. Te encuentro en un estado lamentable, apenas llegas a los 45 kilos y tu tristeza es tan profunda que podrías matar cualquier cosa con sólo tocarla. No sé qué hacer contigo. Entonces pienso. Vuelvo instantáneamente a aquel momento en que decidí que tenía que protegerte, siete años antes, cuando me hice “adulta”.
Te digo que si te quieres morir yo te ayudo pero que antes me tienes que dar una oportunidad para mostrarte lo bella que es la vida. Como estás medio zombie por tu seria inanición me dices que sí a todo. Yo compro unos billetes a Barcelona, Londres y Grecia. Te llevo a la oscuridad y a la luz, trato de seducirte con tus fetiches.

En Londres, al aterrizar, despiertas por primera vez en meses. Hasta ese momento has estado en otra parte, muy lejos de mí. Allí te salvan tus perversiones preferidas. Nos encontramos con tus góticas pasiones: arquitectura que te deja boba durante horas, la ruta satánica de Jack, Boadicea y sus rastro de cenizas, templos paganos, Frida Kahlo, los cuervos negros que nos acompañan a todas partes sabiéndote su hermana, el British Museum, China Town, Candem y sus lisérgicos venenos… Te escucho durante horas y horas desahogarte de toda la mierda que has acumulado en 3 años, los tres años que llevo sin querer escucharte. Me da un inmenso placer verte tratando de seducirlo todo, no hay mejor señal de que estás tratando de salvarte, de que te he con-vencido un poco.

En Grecia se te abre un apetito voraz que me hace sentir bien porque es una pequeña victoria ante tu intento de muerte por inanición. Los tomates te vuelven loca, los tomas en la mano como si fueran de oro, los olisqueas, me contagias tu hipersensibilidad recién recuperada. Tienes esa forma de sentir tan intensamente las cosas simples de quien ha pasado un tiempo en una oscura cárcel, en coma, muerta.
Atenas te pone como una moto. Yo me esfuerzo por no perder la cabeza y llevar a cabo un viaje con cierto orden. Tú andas flotando de ruina en ruina, de tumba en tumba, de restaurante en restaurante. Estás pasmada con la belleza de las griegas, con la luz de Atenas, con sus pedruscos viejos (como llamas a toda esa arqueología), con su forma de abrirte el estómago. Comemos como cerdas después de todas las caminatas. Verte comer así se siente como una compensación estupenda por todas mis preocupaciones. Además de engancharte a los souvlakis y las dolmadakia te encanta el frapé y te bebes 5 al día, para mantenerte despierta. Adoro ver esa voluntad de guerrera en ti.
Cuando te llevé de Madrid no me cabía duda de que ibas a morirte de hambre. En Grecia supe que te tendríamos entre nosotras al menos un poco más de tiempo.

Nissiros. Vivimos una auténtica odisea para llegar hasta allí. Compramos unos billetes de un ferry que sale del Pireo a las 23:30 de la noche para llevarnos a Kos, una isla cercana a nuestro destino. Al llegar al puerto, que es inmenso y da mucho miedo de noche, un señor nos dice que han tenido un “error informático” y que el barco ha salido sin nosotras a las 8 de la tarde. Nos dice este caballero en un muy precario inglés que la solución a esta pifia la encontraremos en la oficina de la compañía que casualmente cierra sus puertas a las 12 de la noche. Tenemos 15 minutos para atravesar Atenas. Así que paro un taxi a la salida del puerto. Le digo al turco que lo conduce que tenemos que llegar al lugar antes de las 12. Me dice que sin problema. El tipo, mientras con una mano se come un durum y con la otra habla por teléfono, nos atraviesa Atenas conduciendo con las rodillas, a 120 por hora y saltándose todos los semáforos posibles. Yo veo mi muerte muy cerca. Agarro tu brazo tan fuerte que duele. Sólo me calma mirar tu cara de tranquilidad, vas sacando la lengua por la ventanilla furiosa, cual perrillo. Como el día con la vaca, de nuevo pienso que a tu lado nada malo puede pasarme.
Llegamos a la oficina de la compañía de ferrys a las 23:55. Yo le beso la mano al taxista. Dentro hay una situación de pánico colectivo entre las abundantes víctimas del fallo informático: señoras acompañadas de gallinas que corretean cagándose por la sala, gente gritando a quienes están detrás de los mostradores, una pareja de guiris arios totalmente en estado de shock, ella llorando, jajaja.
De pronto recuerdo un relato de nuestra amiga Theodora, quien nos recomendó que fuéramos a Nissiros, acerca de las bodas en Grecia. Ella me dijo que la gente pierde la cabeza y que son una de las cosas más sagradas y respetadas allí. Así que armándome de valor traspaso toda la cola de gente que exige vociferando una solución, y grito “we have a wedding tomorrow in Kos, at 12”. La gente deja de gritar, me abren un pasillo hasta el mostrador, donde me espera la cara de desesperación de una chica que comienza a gritar al resto de empleados de la compañía y todos dejaron lo que estaban haciendo para conseguir que llegáramos a esa hipotética boda. Así, a las 6 de la madrugada estábamos subidas en una especie de avioneta que nos llevaba a Kos. Ahí también lo pasé como el culo, porque el piloto apagaba aleatoriamente un motor u otro para ahorrar combustible. A ti evidentemente te divertía, amiguita de la muerte. Dibujamos un altar a los “sagrados fallos informáticos” y llegamos a Kos antes de que el barco que habíamos perdido hubiera hecho la mitad de su recorrido.

En Nissiros estás radiante, ya casi no hablas de Dafne para mi alivio y pasamos el día al solete en una playa casi vacía y remota. Una de las noches vamos al volcán que hay en el centro de la isla: hay un concierto de Alkinoos Ioanidis bajo la luna llena. Nos hace llorar el cabrón. Es 15 de agosto y toda la gente está de fiesta, nos unimos a ellxs y celebramos estar juntas, vivas y contentas (bueno, todo lo contenta que tú pudieras llegar a estar).

En el barco que ha de llevarnos a Lesbos me dices “gracias” y veo en tus ojos el triunfo de alguien que antes no podía poner palabras ni al amor ni a la gratitud. Leemos, mientras nos acercamos a la isla, algunos textos de “La Pasión según Renée Vivien”.
Allí en Eressos, se te despierta el otro apetito, el de la entrepierna, y en menos de una semana ya te has cepillado a más de 5 (ahí perdí la cuenta, jajaja). Yo te observo tranquila y disfruto mucho de ti, del sol, del mar, de los cuerpos que nos rodean. Las noches en la playa alrededor de la hoguera las utilizo para conjurar cosas bellas que puedan salvarnos a las dos del horror del mundo.

Al final del viaje vuelvo a traer a la memoria ese absurdo compromiso que hice conmigo misma sin tu permiso. Desde entonces me entrego a la titánica tarea de no abandonarte nunca más, de quedarme a tu lado para siempre, como cuando era una teenager y pensaba que te amaría toda mi vida, cumpliendo fielmente aquel pacto sagrado.

Te pido que vengas a vivir conmigo. El zombie resucitado dice que sí. Veo en tu mirada, por vez primera, una luz esperanzadora. Vuelves a hacer las maletas.

ANTÍDOTO:
La luz de algunos recuerdos es cegadora,
calienta como un sol griego,
pica en la palma de la mano
como tomate recién cogido.

Tu sonrisa descomunal me arropa,
desde el más allá
o desde algún rincón de mi cerebro.

Te llevo dentro de mí, joya,
porque lo que me diste es tan hermoso
que no se puede desprender,
está fundido a mi carne,
es parte de mí.

Eso uso ahora para salvarme a mí misma,
para devolverle el golpe al vacío.

////// ACOGIDA. MEMORIA. FLUJOS //////

Octubre de 2005. Barcelona.

La manada te acoge como te mereces: entre sus piernas. Algunas de sus miembras te seducen desde el primer instante. Aún recuerdo la primera vez que viste a Majo, tu cara, tu sonrisota.
Y mi casa se convierte en tu hogar como si siempre te hubiera estado esperando.
Totalmente dispuesta a volver a empezar, por primera vez en tu vida generas un sueño realista. Tienes ahorrados casi 7000 euros y quieres montar una tienda de cómics, además estás cobrando el paro, el momento es perfecto para emprender algo nuevo de forma relajada. Cuando las múltiples fiestas de bienvenida nos lo permiten buscamos local, alguien que te enseñe a tocar el violín, una bici y la forma de que vuelvas a la universidad a terminar esa carrera que dejaste tirada. Lo encontramos todo muy rápido, menos el local, parece que eso es más complicado, pero no dejamos de buscarlo.
Son días de fiesta, mucha fiesta. Nos juntamos todxs en casa y hacemos el indio durante horas, pelucas, revolcones, musiquita de la buena, esa que nos legaste.
Descubres la ciudad con inquietud de niña, te encanta el gótico y la playa, y el Raval y Gracia. A veces pareces un alinígena que acabara de llegar. Yo estoy feliz y enamorada de Yasmín y también voy medio flotando.

ADVERTENCIA:
Esto que cuento, ahora que puedo hablar,
con mi lengua resurrecta que huele aún a naftalina,
es una de las historias más tristes que pueden ser contadas.
Negarlo sería un recurso literario, un oxímoron, un eufemismo para idiotas.

Esto no es literatura ni poesía.
Ahí tampoco quiero engañar.
Es la forma torpe que adoptan las palabras
cuando se intenta que signifiquen
lo que sólo puede vivirse.
Cuando se usan las letras
como si fueran cuerpos.

Podría golpear el teclado con la cabeza,
hasta abrírmela,
hasta ahogar en sangre los circuitos de esta máquina,
y estaría diciendo exactamente lo mismo
que con toda esta escritura.

Creo, incluso, que dolería menos.

Pero escribo para poder leerme.
Escribo porque tomé el lenguaje como arma y,
aunque ya no soy la misma,
ni escribo desde el mismo lugar,
confío en lo que siempre me ha sabido dar voz.

////// DESASTRE. MEMORIA. NO SABER //////

Febrero de 2006. Barcelona.

De un día para otro el sueño se rompe, la burbuja estalla, todo se queda detenido en un páramo de incertidumbre. Una noche te vas de fiesta y cuando vuelvo a verte a los tres días, saliendo de los juzgados, nuestras vidas han cambiado para siempre. Comienza aquí una pesadilla atroz que durará 5 años para ti y posiblemente mucho más para todxs nosotrxs.
NOTA: Como hay cosas en este recuerdo que considero que pertenecen a la memoria colectiva de muchas personas decido contar lo que yo viví personalmente con Patricia, como he estado haciendo hasta ahora. FIN DE LA NOTA

Estamos muy asustadas. Nadie sabe decirnos qué es lo que va a pasarte. Sólo sabemos con seguridad que el marrón es muy grande y que has de ir a firmar cada semana (luego cada 15 días) a un lugar de mierda. También sabemos que tenemos que abandonar la idea de la tienda de cómics porque te has gastado buena parte de esos ahorros en pagar abogados (y de alguna forma intuimos que te la terminarás gastando toda). Ahora sé que fueron inútiles, pero en ese momento eran las únicas personas en las que podíamos confiar, aunque dijeran gilipolleces como no vincularnos con el resto de personas del caso, con los chicos que estaban en prisión preventiva, porque podríamos empeorar tu situación.

Se lo cuentas a tu madre. Sólo sabe decirte, incrédula, que algo habrás hecho. Mi rabia hacia ella es inmensa y me siento bien por saber que soy parte de esa otra familia a la que perteneces, la que realmente se comporta como tal.

////// VILIS //////

A partir de aquí los recuerdos aún escuecen mucho.
No puedo sacarlos de la chistera con tanta facilidad.
Se aceleran en mi mente, se agolpan en fechas imprecisas.
Fantástico cóctel de rabia, miedo, desfase y también
algunos aprendizajes.

A medida que lo vivido se acerca en el tiempo,
me siento más incapaz de apresarlo.

Aún tengo mucho trabajo por delante.
Por suerte también tengo tiempo,
es todo lo que tengo.

////// SOBREVIVIR. AMOR. DEPENDENCIA //////

Lugares imprecisos de la línea temporal entre tres primaveras (2006-2009). Barcelona.

Tratamos de recuperar nuestro ritmo. Yo entro en un modo nuevo: la extrema protección de tu sonrisa.
Te enamoras hasta las trancas de Flori, sólo me sabes hablar de ella y estás de subidón, me gusta sentirte así, pareces más viva que nunca. Pero ni tú ni ella sois chicas sencillas, así que te veo durante largo tiempo subir y bajar, dejando grandes distancias entre un punto y otro. No sé cómo ayudarte pero decido quedarme a tu lado. Hay días muy felices, y días de espanto.
En algún punto impreciso del invierno o la primavera de 2007 decides zamparte una caja de diazepanes, ponerte una bolsa en la cabeza y turbarte a esperar a la muerte. Yo me pienso que no estás en casa, que estás por ahí de fiesta. A los dos días te descubre Yasmín, viva, vomitada y somnolienta. A la mañana siguiente te llevo al médico de cabecera, necesitamos un psiquiatra. Tú te quieres morir y yo trato desesperadamente de convencerte de que vivas, a cualquier precio. Por supuesto olvido mi conflicto con la sobreprotección y hago todo lo contrario de lo que debería haber hecho: ahora además de tu secretaria soy también tu socorrista.
Las pastillas que te recetan (antidepresivos) tienen como posible efecto secundario el cambio del color de la piel a un tono azulado. Te digo que vas a convertirte en papá pitufo, te ríes, te las tomas, te adaptas a lo que el sistema espera de ti, a lo que tu amiga Diana espera de ti.
Se va acercando el día del juicio en la Audiencia Provincial, vivimos aquel circo con escepticismo. Tú estás acojonada y yo también.
Después de la condena todo se pone muy turbio, recuerdo que empiezo a cansarme de las consecuencias de mi sobreprotección: de pronto me veo convertida en tu secretaria, y no me gusta.

////// UKI. MEMORIA. FLUJOS //////

Mayo de 2009. Barcelona.

Andas entretenida generando un personaje que te permita dejar de ser tú durante un rato. Evidentemente ese personaje es una psicotruni también. En una de las escenas de grabación del proyecto UKI, en Hangar, me pegas un polvo maravilloso. Yo dejo de estar por unos instantes ahí, rodeada de toneladas de basura electrónica, y me traslado a la cama de mi habitación en Madrid, donde me habías follado siempre tan bien. Te meto mano y vuelvo a probar tu coño. Compruebo que sigue tan delicioso como siempre.

////// CRUCIFIXIÓN. MEMORIA. AIRE FRESCO //////

Mayo de 2009. Valencia.

Las amigas italianas han organizado unas jornadas geniales en su ciudad. Te vienes con todas nosotras, a que te dé el aire. Decidimos que queremos hacer algo juntas en la performance que tengo programada durante las jornadas. Me dices que no quieres hablar, tu pánico escénico te lo impediría. Decidimos que vamos a crucificarte, a ti, Santa Devana, mártir de las bolleras en prisión o libertad condicional. El acto cobra un carácter simbólico que sólo puedo digerir al cabo de los días. La luz y el color de la ciudad te ponen bella, me gusta verte así.

////// SUPREMA CACA. MEMORIA. BORRACHERAS //////

Julio de 2009. Madrid – Octubre de 2010. Barcelona.

Hace ya unos meses que te he dicho que no puedo vivir contigo y te has marchado a otra casa, en Sants. Mi conducta servicial y tus buenas artes para dejarte cuidar me han quemado mucho, quiero que volvamos a ser amigas, matar el rol de sirvienta-madre que he adoptado contigo.

El Tribunal Supremo confirma la sentencia y te aumenta la condena, ya no son dos años, sino tres, así que tendrás que ir al talego con toda seguridad. Vuelves a casa, de nuevo conmigo pero ya en otro formato mucho más saludable para las dos. Decidimos vivir los fines de semana como si fueran todos el último, un ejercicio agotador cuando han transcurrido unos meses. Pero tú estás enérgica y bastante contenta a ratos. La presencia de Silvia en tu vida ha echado un poco de luz sobre tus oscuridades. Sanamente, me despreocupo un poco de ti, delego.

////// FLORESTA. MEMORIA. PLACER //////

Julio de 2010. Valldoreix.

Es el cumple de Helen y nos hemos juntado algunas en su maravillosa casa en Valldoreix. Te veo disfrutando mucho, pones música y bailoteas todo el rato, bebemos, reímos, te bebemos entre todas. Nos dejas una playlist que deja muy claro tu alto nivel de conocimientos musicales y que he escuchado más de mil veces desde ese día.

////// SONRISAS. MEMORIA. REENCUENTRO //////

Octubre de 2010. Viena.

Ha pasado más de un año que el Tribunal Supremo te ha condenado a 3 años de prisión y aún no sabemos nada de los carceleros que han de llevarte. Empezamos a pensar que todo ha sido una broma de mal gusto, que en realidad la salvación, el indulto, llegará en cualquier momento. O al menos tú, princesita naif, eso crees.
Así que nos vamos con Lucía a Viena de viaje sin saber que sería el último que haríamos juntas. Sin saber que nada más volver tendrías que entrar a prisión.

Son días bonitos. La ciudad es como te gustan a ti las ciudades: arquitecturas tristes, cementerios viejos, rubias despampanantes y buena cerveza. Nos dejan unas bicis y así vamos de un lado para otro. En el cementerio del barrio encontramos una tumba en la que sólo puede leerse “macho”. Nos hace mucha gracia, reímos a carcajadas. Me doy cuenta de que he estado en tantos cementerios contigo que ya no siento el pudor de las primeras veces, cuando en lugar de relajarme y disfrutar, trataba de pensar respuestas a la pregunta de “por qué tu amiga salta entre las tumbas como si esto fuera un parque de atracciones?”.
Te encanta el bicho que sirve copas en el bar de una amiga, Vivi. Una noche te lo ligas y te lleva a su casa.

Otra injerencia en nuestra relación: no me preocupa dónde andarás, he bajado la guardia protectora para disfrutarte mejor, y funciona! Consigues volver tú sola a la casa, totalmente pedo, bienfollada y con un mapa. Me siento muy orgullosa de ti, de tu autonomía, de la que tú también te sientes orgullosa. Estás contenta por haber llegado sola, como un niño que muestra cómo se ata sólo los cordones. Siento que me reencuentro con una Patricia a la que yo misma había sepultado bajo un montón de capas aislantes y a la que ya casi no podía ni ver. Te he quitado esas capas y apareces hermosa y fuerte bajo ellas. Empiezo a amarte desde un lugar que no es la propiedad, que no es el deseo eterno de salvarte.

Al volver a Barcelona, veo que estás resurgiendo, que quizás podrías levantarte y continuar el sueño. Pero no es real lo que veo, es sólo el espejismo de algo que un día imaginé y que quizás nunca fue cierto. La noticia de tu inmediata entrada a prisión me lo confirma: aunque quisieras levantarte, no te iban a dejar hacerlo.

////// CARCEL. MEMORIA. HUMOR //////

Octubre-Diciembre de 2010. Barcelona.

Me desconciertas, mucho. No sabía, quizás porque hasta ese momento sólo puede ver tu fragilidad como la escusa para tener algo que proteger, que fueras tan fuerte. Mucho más fuerte que todas nosotras juntas. Se hace muy extraño que hayas puesto tu sentido del humor como coraza y aunque sé que ahí dentro encerrada pasas miedo y no estás bien, me da tranquilidad saber que al menos cuando estás haciendo la performance, pareces disfrutar. Sé que para Silvia, la que va a verte cada día, tu mujer, no entregas la misma realidad. Pero esa historia no forma parte de mis recuerdos y no soy yo quien ha de contarla.

Yo voy a las visitas con el corazón deshecho. Luego, a través del barrote, veo esa sonrisa, tus bromas constantes… es imposible ponerse triste contigo así al otro lado. Ante ti mantengo la compostura como haces tú conmigo, pero en casa me derrumbo, me dan bajones que decido no compartir con nadie, ni siquiera con Lucía, mi amor.

////// FRONTERAS. MEMORIA. AVISO //////

Diciembre-Abril de 2011. Barcelona.

Te dan el tercer grado tras tres meses en prisión y todas nos alegramos mucho. Tú también, pero sólo al principio. Al poco te das cuenta de que no se puede vivir así, sin una vida dentro y sin una vida fuera, yendo de un lado para otro en una locura switcher que ni la persona más cuerda podría soportar. Te veo hundirte lentamente, te voy perdiendo, me mentalizo y me temo lo peor, como otras veces. Te conozco lo suficientemente bien como para saber que la muerte vuelve a rondarte con insistencia, no eras todo lo discreta que creías con tus miserias y delirios.

Un día a principios de abril estoy en mi cama echándome una siesta y te siento entrar en la habitación, subirte a la cama y abrir la ventana. Piensas que estás sola en casa. No te has dado cuenta que bajo el nórdico está mi cuerpo. Espantada me levanto, te asustas, te tumbo en la cama y te abrazo. Lloras sin parar, no hay forma de consolarte, sólo te abrazo, te beso, te digo cuánto te quiero.

Cuando el llanto te permite hablar me dices que ibas a saltar. Me armo de la frialdad suficiente para pedirte algo que sospecho no podrás cumplir. Te suplico que me des un par de meses y que si en ese tiempo no estás mejor yo te ayudaré a hacerlo en un lugar mejor que mi ventana. Pienso en Port Bou y sus acantilados, aunque nunca he estado ahí. Me dices que sí, que esperarás. A cambio me haces prometerte que si fallas yo estaré ahí para rematarte, no quieres pasarte la vida en una silla de ruedas ni conectada a un respirador. Sellamos nuestro pacto. Un pacto en el que yo ya estoy rendida, vencida, agotada. Un pacto que supiste que no ibas a cumplir.

Aún estoy pensando de qué querías protegerme tú a mí…

////// FIN. MEMORIA. DOLOR //////

26 de abril de 2011. Barcelona.

Por la mañana me despierta tu llamada. Son las 10 y me dices que no puedes más, que vaya a sustituirte a La Rouge, no puedes seguir trabajando. Cuando llego te encuentro muy cambiada, tu tristeza es tanta que no pareces tú. Nos damos un largo abrazo en la puerta del bar, te pido que me esperes en casa, que llegaré a las 5 para abrazarte más, en realidad te lo imploro. Te seco las lágrimas de la cara y te doy un beso. Veo como te alejas en tu bici, Rambla del Raval para abajo.

Fin de la historia. Nunca más te vuelvo a ver.

Comienza aquí un viaje que he de emprender sola, por fin. Aprender a salvarme, a sobrevivir, a recordar.

////// POST DATA – POST MORTEM – POST COITUM //////

Cuento todo esto para que sepáis un poco de lo que yo sé,
para compartiros en la medida de lo posible una visión de Patricia
que, tras muchas vueltas y muchos laberintos, me hace sentir afortunada.

Y porque abrir por fin la boca para derramarme así,
sin filtros,
sin mentiras,
me hace sentir ligera y fuerte:
sé que estáis al otro lado y que, ahora,
sabéis muy bien de lo que hablo.

Cuento todo esto porque lo que no se recuerda
es como si nunca hubiera existido,
recordar porque sólo la memoria hace reales las cosas,
memoria como fijador de realidades
que no merecen ser olvidadas

26 thoughts on “veintiseisdeabril

  1. Creo que en todxs nosotroxs has creado una misma sensaciòn; la de habérsenos muerto algo dentro. Qué bello.
    Allá donde este, sonreirá. Grande Diana

  2. “Escribo porque tomé el lenguaje como arma y,
    aunque ya no soy la misma,
    ni escribo desde el mismo lugar,
    confío en lo que siempre me ha sabido dar voz.”
    Abrazo y gracias.

  3. Ese día en Valldoreix pude finalmente hablar con Patricia algo más después de tantos cruces fugaces. Le pedí que dejara algo en mi disco Migromante, ella decidió que fuera Sandman de Neil Gaiman. Final de la intrusión…

  4. nena genial y lindo viajar mentalemnte por tus recuerdos y ir construyendo la pelicula mentalmente de tod el proceso , si , tienes razon la historia sin memoria no es historia….besos amor
    PD: aver si consigo hacer mi histaria y aparezco entre las pestañas de tu pajian seria una honor <3

  5. Pingback: Sexofonía en homenaje a Patri | pornoterrorismo

  6. Gracias Diana por este ejercicio de amor y su resultado, este texto. Triste y hermoso.

  7. sin palabras, no hay adjetivo que describa lo que no puedo ni expresar, avanti diana!!!!!!!

  8. gracias diana, entre lagrimas y risas veo patri con su mirada y su sonrisa, y a ti te veo pronto!
    un abrazos muy fuerte
    k

  9. Estoy muy conmovida, una de las lecciones duras de la vida es aprender que no podemos salvar a nadie que no seamos nosotros mismos. Sálvate y disfruta de lo dulce y de lo agrio y beso y a seguir adelante.

  10. Gracias totales Diana por compartir estas palabras tan profundas, tan tuyas, me ha conmovido pero con un matiz que no sabría definirlo…en tal caso, tienes a Patricia en cada parte de tu cuerpo y eso estará ahi supongo que eternamente… asi como ese tatto q te has hecho. Brutal.

  11. gracias (aunque conmovida) por compartirlo Diana!
    Un abrazo grande desde el Madrid donde os conocísteis…

  12. Me haces llorar a lo bestia. Hacía tiempo que no leía nada así. No sé qué coño decirte, si lo siento, si gracias, o qué.

  13. Pingback: HOMENAJE 4F: PATRICIA HERAS « mutanger

  14. Ahora lloro frente al ordenador, simulando frente al jefe que se me ha metido algo en el ojo mientras hago la contabilidad del mes de abril.

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