cerrado por derribo
Jan 06, 2010 in Uncategorized
Plaça Universitat. Yo solo quiero tomarme una cerveza con mi amigo Javier en un bar situado donde se cruza la Leona (paralela a Joaquín Costa) con el Tigre. Estoy triste, mi chica se ha marchado 3 meses a Chile y la acabo de dejar en el aeropuerto. Necesito terapia. Javier es el mejor terapeuta que conozco, el único, de hecho, que jamás se atrevería a llamarse a sí mismo “terapeuta”, así que quedo con él en el Raval, nuestro punto habitual de encuentro. Llego a Plaça Universitat desde mi barrio por Gran Vía, en bici, y es imposible pasar al otro lado; el mismo lugar donde ha habido miles de concentraciones de personas tratando de luchar por causas justas ahora está a(p)(t)estado de basura que sale a la calle para someterse a una puta costumbre católica a través de la cuál la iglesia embauca a niños y mayores. Los adultos con la excusa de la ilusión de los niños, los niños vilmente engañados y sobornados con maravillosos regalos y la terrible cruz de haber sido buenos o malos… Qué clase de ratas de dos patas, cobardes y rastreras, necesitan decir a sus hijos que algo que NO EXISTE les castigará sin no les hacen caso? No sería más fácil tratarlos como a personas en lugar de como posesiones?
En fin… había tanta gente que no se podía ni caminar ni respirar. No había forma de cruzar al otro lado de la calle y el gran despliegue policial, esta vez tratando de proteger a los manifestantes (los reyes magos, turismo barcelona, fecsa y el corte inglés) de la voracidad infantil, no ayudaba lo más mínimo:
- Perdone, como puedo cruzar al cruce de la Leona con el Tigre? (ya sé, formulé la pregunta un poco mal, demasiado bien).
- Perdón? No, no, no, circule, que aquí no se puede cruzar nada.
- Desfile católico y abolición de la reproducción entre especies? no me esperaba menos.
- Cómo?
- Que por dónde puede cruzar la señorita a Joaquín Costa?
- Por debajo del Metro.
- Por debajo del Metro puede cruzar.
- Gracias.
Putos hijos de perra. Aquí tan tranquilos, hasta parecen personas, le tocan la cabecita cariñosamente a cada niño que pasa alborotado (drogado) y sonríen. Luego en las manifestaciones pacíficas de cualquier cosa que no os baile el agua sois como perros. Espero que os sepulte una montaña de carbón.
Por fin consigo cruzar al “otro lado” pero he desandado tanto camino que ahora he de volver a pasar por la turba enfervorecida para llegar a mi destino. Voces de niñxs gritonxs por todas partes me empiezan a noquear, codazos de padres y madres que piensan que la calle es suya y que el espacio público se ha convertido, con su mani, en el puto pesebre del saloncito de sus casas, abuelas que no se enteraron que dejó de llover hace dos horas y me clavan la barilla del paraguas del todo a 100 en la oreja. Me detengo en un portal para contar hasta diez y recuperar el aliento. Cuando ya casi he conseguido relajarme algo me golpea la cara fuertemente: me han tirado, desde la carroza de Baltasar, un puto caramelo.
Entonces sucede: he cerrado los ojos y me he visto a mí misma con dos katanas super afiladas (rollo Hatori Hanzo), una en cada mano, corriendo desde mi escondrijo y blandiéndolas a diestro y siniestro contra la multitud. Pequeñas cabecitas volando por el aire aún con el caramelito en la boca, barrigas de embarazadas eufóricas rasgadas hasta derramar su prototipo de monstruito, padres sin brazos, señoras sin piernas, policia ensartada en mis poderosos aceros. En 5 segundos me he visto en una calle completamente despejada, llena de cuerpos sin vida o agonizantes y tremendos charcos de sangre. 5 segundos en los que no sé qué ha pasado. Sólo sé que cuando he abierto los ojos, estaba en donde se cruza la calle León (que no Leona) con la calle Tigre. Quizás mi ensoñación de matanza duró mucho más de 5 segundos, pero me da miedo reconocerlo porque no sé cómo he llegado hasta donde quería.
Una vez con Javier, después de una buena purga (necesitaba que alguien me castigara, si no, no me arranco nunca a llorar), me bebo una caipirinha, me dejo abrazar (y castigar), me emborracho, ceno, y finalmente llego a casa.
Pienso: en la calle miles de personas reunidas por algo que no es más que la alianza perfecta entre un cuento consumista y la injusticia católica y cuando en esa misma calle se convoca a las personas para protestar por injusticias o para manifestar buenos deseos (como la igualdad, el no a la guerra y su puta madre) apenas hay cuatro monos rodeadxs de perros rabiosos uniformados, sin ninguna o escasa repercusión en los medios y con los movimientos limitados al máximo. Se me ocurre entonces la genial idea de extrapolar: qué tal si en la siguiente mani, en lugar de gritar consignas nos dedicáramos a tirar caramelos (de los gordos, como el que me ha golpeado la cara a mí hoy) a la policía, a las multitudes perplejas, a lxs turistas y a lxs señorxs de bien? Nada de cócteles molotov, caramelos de todos los sabores! Y extrapolando más aún he imaginado que la cabalgata de los reyes de hoy acabó en tragedia, imagino el siguiente titular mañana en todos los periódicos: “trágico incidente en la cabalgata de Barcelona con gas lacrimógeno tras malentendido con caramelo interpretado como arma arrojadiza. Dos niños y un camello muertos, múltiples heridos por aplastamiento, detenida una loca con dos katanas”.
Qué asco me da el mundo y qué torpes e imaginarias pueden llegar a ser mis acciones cuando las pretendo sinceras con esto. Quiero que la nausea se desborde y que mis ácidos gástricos corrompan algo sagrado, algo en lo que no habita, aunque se disfrace, el más pequeño rastro de limpieza. Así que he decidido entregarme por completo a la única oportunidad de venganza real que la vida me ha brindado hasta ahora: mi libro. Ya falta poco para que esté completo (aunque mi rabia nunca podrá completarse en algo tan sencillo y compacto, por suerte o por desgracia) y me voy a encerrar en mi zulo hasta que lo termine. No quiero ver roscones ni cajas de juguetes, ni espumillón mojado por la lluvia, ni abetos agonizando en las aceras. Me voy a recoger como una monja (no sé si me haré tantas pajas como ellas) y este blog queda cerrado por derribo (necesito puntales nuevos) hasta febrero.
Seguramente merecerá la pena desengancharme de aquí para terminar a tiempo lo otro. Si veis alguna noticia sobre una loca con dos katanas no os preocupéis, mis instintos asesinos se conforman con las alucinaciones.
Qué mal me sientan las despedidas, los aeropuertos y las aglomeraciones de ganado sin cerebro…
Ah, por cierto, hablando de derribos: hoy los reyes del mambo decidieron desalojar el Patio Maravillas en Madrid. Por suerte, la hemorragia es imparable y ya okuparon otro lugar, calle Pez 21, para quien ande por los madriles. Increíbles estas imágenes del desalojo y el relato en sí. Podeís seguir toda la info AQUÍ.
Y para paliar tanta miseria, dejo aquí esta joya de concierto y me voy a domir. Hasta febrero!!!


January 6th, 2010 at 2:00 pm
cabrona, me has hecho llorar como una perra…
te busco y cuando te encuentro te doy unos azotes. y prepárate porque falta muy poquito
January 6th, 2010 at 2:55 pm
ya decia PESSOA: “todo vale la pena cuando la alma no es pequeña”
January 8th, 2010 at 9:14 pm
http://alogono.wordpress.com/
una cancion de invierno .besito desde madrid, m.
January 9th, 2010 at 9:58 pm
¡Coño, algo me dice que los Reyes no te echaron nada este año y llevas un cabreo de la leche!
Ánimo, que tú eres una chica dura
January 12th, 2010 at 8:12 pm
hola Diana,
me gustaría ponerme en contacto contigo para un asunto
este es mi e-mail
lunamonelle@hotmail.com
muchísimas gracias
January 16th, 2010 at 3:17 am
me ha encantado tu acido gástrico