Solsticio feliz
Dec 26, 2009 in Uncategorized
A San Juan este año le pedí algo muy importante: una compañera de verdad. Dos fracasos amorosos (uno sirvió para ganar una buena amiga y por ello fue menos fracaso; el otro no sirvió de nada) me habían llevado a un estado de desconfianza en el amor en general y en las personas por extensión. Así que, como cada año, entregué mi deseo al mar, escrito en un papelito dentro de una fruta que lancé bien adentro. En ese momento no lo sabía, pero San Juan iba a batir su récord en velocidad de cumplirme deseos: mi compañera-de-verdad nadaba justo a mi lado en el momento en que lo formulé. Desde luego podía haberlo imaginado, pero me pareció en ese instante demasiado pretencioso pensar que era ella esa persona: una chica hetero a la que sólo había besado una vez (en el cumpleaños de Virginie no pude contenerme), a la que apenas conocía y con la que no intuía yo tener muchas cosas en común.
Ahora hemos pasado al siguiente solsticio, el de invierno, y mi compañera es mucho más que una realidad: es un deseo completo y cumplido. Y me siento llena de amor, algo que puedo dejar fluir por mí, por ella, por todas las cosas que hago, por todo lo que siento. Soy una privilegiada y por ello me siento agradecida cada día. Voy por la calle mirando a la gente, en el metro, en los bares, y pienso que nadie puede ser tan afortunada como yo. Sólo si alguien es capaz de reírse solx o caminar sonriendo pienso “esa persona, como yo, ha encontrado lo que buscaba”.
Porque yo verdaderamente no sé estar sola en tanto que no sé vivir sin poder entregar mi amor y mi cariño y mi deseo a una persona. Y para esto, y disculpadme, no me sirve la manada, a la que entrego amor y cariño y deseo también, pero en dosis más comedidas y por tanto menos profundas, más sencillas de llevar. Tampoco sé vivir en el sufrimiento de los amores malditos, que pueden resultar emocionantes hasta que las heridas se infectan y todo empieza a amargarse. En el fondo soy una mujer sencilla que quiere amar y ser amada y que se siente mucho mejor compartiendo su vida de forma intensa con una persona concreta. Porque eso es lo que le pedí a San Juan, alguien con quien compartir el camino. He tenido la gran suerte de que ese alguien, además, me folla como una diosa (desbaratando así por completo mi teoría de que la experiencia lo es todo), me trata como a una reina, y me ama con una locura limpia y tierna que supera con muchas creces cualquiera de mis expectativas en torno a lo que es el amor.
Así me encuentro estos días post-solsticio, en los que el frío del invierno que comienza no me asusta tanto, en los que me lanzo a escribir y escribir sin miedo, en los que la añoranza de su cuerpo y sus besos y su calor es directamente proporcional al lujo de haberla encontrado, y en los que, porque ella existe y está y ama y entrega, me siento (soy) invencible.
Lucía Manuela Egaña Rojas, eres bella como los deseos cumplidos.





